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Museo del Escritor
Introducción
México tiene una larga tradición literaria que proviene
de dos vertientes, la prehispánica (se conocen, según Humberto
Musacchio en Milenios de México, más de 2000 obras
literarias anteriores a la llegada de los españoles) y la que arranca
con la conquista (cuando está a punto de iniciar el siglo de oro
de las letras españolas con Cervantes, Quevedo y Lope de Vega)
y el largo periodo colonial donde ambas nacionalidades se funden en una
nueva: el mestizaje. A lo largo de varios siglos han aparecido notables
escritores como Fernando de Alva Ixtlixóchitl, Gutierre de Cetina,
Carlos de Sigüenza y Góngora, Juan Ruiz de Alarcón,
Sor Juana Inés de la Cruz, Joaquín Fernández de Lizardi,
Andrés Quintana Roo, Vicente Riva Palacio, Ignacio Ramírez,
Guillermo Prieto, Manuel Acuña, Justo Sierra OReilly, Juan
de Dios Peza, José López Portillo y Rojas, Manuel Payno,
Federico Gamboa, Amado Nervo, Mariano Azuela, Alfonso Reyes, José
Vasconcelos, Martín Luis Guzmán, Salvador Novo, Carlos Pellicer,
Octavio Paz, José Revueltas, Elena Garro, Rosario Castellanos,
Rubén Bonifaz Nuño, Alí Chumacero, Andrés
Henestrosa, Rafael Solana, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Carlos
Fuentes e innumerables más. Todos ellos le han dado prestigio al
país. Si en materia económica no hemos logrado despegar
cabalmente, en materia de arte la nación no padece ningún
mal. Pero si hemos de ser justos y equilibrados, México les debe
mucho más que literatura a los escritores, muchos de ellos, la
mayoría sin duda, se han dedicado a otras actividades tales como
la diplomacia, la administración pública, el periodismo
y hasta la política si pensamos en figuras como Vasconcelos, candidato
presidencial. Sus vidas han sido apasionantes y dignas de elogio y crítica,
de pronto han sido críticos del poder y otras veces se han sumado
a esta fuente de recursos, pero en todos los casos jamás han dejado
de lado su tarea como brillantes narradores y poetas, como ensayistas
y dramaturgos. La memoria histórica es invaluable para un país,
como México, cuyos habitantes deben nutrirse de las vidas y experiencias
de esos hombres y mujeres que le han dado tanto lustre a nuestro país.
Por ello es indispensable que exista un museo que haga un recuento de
sus tareas al servicio del arte y desde luego del país. Es necesario
que México posea un sitio donde se narre la historia de todos estos
grandes valores y que se pueda apreciar la forma en que desarrollaron
su trabajo y veamos algunas de sus obras y de sus objetos personales,
de sus costumbres y maneras de escribir y concebir la vida literaria y
la vida en general del país.
Un poco de historia
Un museo es una institución de carácter permanente y no
lucrativo al servicio de la sociedad y su desarrollo, abierta al público
que adquiere, conserva, investiga, comunica y exhibe, con fines de estudio,
educación y disfrute, la evidencia material de la gente y su medio
ambiente. Tal es el caso de los archivos históricos, filmotecas,
fototecas, bibliotecas, planetarios, centros culturales, casas de cultura,
zoológicos, acuarios, jardines botánicos y los propios museos
denominados como tal en sus diversos tipos: arqueológico, arte,
historia, historia natural, ciencia, etc.
México y en especial, la Ciudad de México, tiene museos
de todo tipo, desde los grandes museos que prestigian a la nación,
como el Museo de Antropología, Museo del Palacio de Bellas Artes
o el Museo Nacional de Historia, hasta otros que, como el de cera, el
del cristal, el del automóvil, el del juguete y otro dedicado al
calzado que pertenecen al mundo del entretenimiento. Pero no existe nada
relacionado con el mundo de los escritores. Era, en consecuencia, importante
cubrir tal ausencia, en esta ciudad capital donde se establecieron los
aztecas y donde los españoles impusieron una nueva nación,
resultado de la suma de dos culturas: la nativa y la europea. En esta
ciudad, debido a las peculiaridades propias de su historia, nació
toda manifestación cultural, y justamente en el centro, lo que
hoy llamamos Centro Histórico, ha sido la sede de edificios fundamentales
como la Universidad de México, esparcido en diversos inmuebles
donde destacan San Ildefonso, Medicina y el hoy Palacio de la Autonomía,
la Secretaría de Educación Pública fundada por José
Vasconcelos en 1922, la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística,
El Colegio Nacional y, desde luego, Palacio Nacional, testigo de nuestra
turbulenta historia y otros sitios donde dejaron huella de su presencia
los grandes muralistas mexicanos. Asimismo podemos encontrar lugares de
nacimiento de escritores y pintores o sitios donde deambularon y prestigiaron
con su presencia, sitios de reunión social como cafés y
bares, restaurantes y casonas donde se celebraron actos históricos
y reuniones literarias. Si en algún sitio debe estar el Museo del
Escritor es justo en esa zona.
México es una nación creadora de grandes escritores que
le han dado prestigio y respeto internacional, a las figuras de Sor Juana
Inés de la Cruz, Amado Nervo, José Vasconcelos, Martín
Luis Guzmán, Alfonso Reyes, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Juan José
Arreola, hay que sumar las voces de escritores de otras nacionalidades
como Tito Monterroso y Gabriel García Márquez que han hecho
la parte más importante de su trabajo literario en nuestro país.
Sin embargo, cuando acudimos con las autoridades capitalinas (en época
de Andrés Manuel López Obrador) nos dijeron que no tenían
ninguna casa disponible para tal efecto, que todas estaban asignadas a
tareas concretas que a ellos les interesaban como el Museo Carlos Monsiváis
(ya establecido en Isabel la Católica y Madero) y el Museo del
Comunismo, propuesto por Carlos Payán. Tampoco la administración
de CONACULTA, en ese momento conducida por Sari Bermúdez se interesó
en el proyecto. De este modo, decidimos abrirlo en el local de la propia
Fundación René Avilés Fabila. El problema es que
es un lugar pequeño y muy pronto las vitrinas y los libros han
llenado parte de la casa destinada originalmente sólo a ser la
sede de la Fundación. Nos gustaría, por ello, conseguir
apoyo para adquirir un local más adecuado.
Los hechos
A pesar de considerar que el Centro Histórico es el sitio más
adecuado para establecerlo el Museo del Escritor, no tuvimos otro remedio
que situarlo en otro rumbo de la ciudad.
La Fundación René Avilés Fabila (Yácatas 242,
Narvarte), cuyas obligaciones son la preservación, difusión,
estímulo y fomento de la obra y trabajo de escritores, lo instaló
(ya registrado ante las autoridades de la Secretaría de Relaciones
Exteriores y legalmente constituido ante notario público, respaldada
por la propia Fundación que cuenta con la exención de impuestos
otorgada por Hacienda), provisionalmente en el propio local de la institución.
En este Museo ya son exhibidas primeras ediciones de autores mexicanos
y de otros que han radicado largo tiempo en México. Por ejemplo,
están La región más transparente de Carlos
Fuentes; Cien años de soledad, de Gabriel García
Márquez; Obras completas y otros cuentos, de Augusto Monterroso;
El siglo de las luces, de Alejo Carpentier; La Feria de
Juan José Arreola, Pedro Páramo, de Juan Rulfo, entre
otros autores. Asimismo están expuestos objetos personales de algunos
escritores y una colección de fotografías (muchas dedicadas
por los autores), caricaturas y dibujos de docenas de ellos.
El Museo del Escritor cuenta con una biblioteca de alrededor de 15 mil
volúmenes de literatura mexicana (aún no clasificada) que
estará disponible tanto para los escritores como para el público
en general y como un buen principio, contamos con documentos, cartas y
diplomas de algunos narradores y poetas, archivos de otros más
y originales de novelas, libros de cuentos y poemas, grabaciones como
los discos de Voz Viva de México y otras inéditas. Sus actividades
serán anunciadas en internet, en las páginas de la Fundación
René Avilés Fabila y a través de su revista vocero,
Universo de El Búho.
El Museo del Escritor se pretende sea un museo vivo, que cuente con actividades
de apoyo para difundir y mantener viva la presencia de los escritores,
tales como talleres, conferencias, mesas redondas, presentaciones, premios
literarios, discos con la voz de narradores y poetas, e incluso con la
posibilidad de poder editar tanto un boletín informativo como libros
de escritores jóvenes a quienes está dedicado fundamentalmente
el proyecto, con el objeto de que sea un museo vivo, con un gran movimiento
literario a su alrededor. El Museo deberá firmar acuerdos con instituciones
semejantes, universidades, museos y en todo momento realizará convenios
para enriquecer sus actividades y su propio acervo. A todos los escritores,
parientes o amigos de escritores, lectores, promotores literarios y amantes
de la literatura que estén en posibilidades de enriquecer el acervo
del Museo, se les están solicitando donaciones, ya sean cartas,
libros, objetos personales de los escritores, etc.
No obstante las complicaciones propias de este tipo de reto, el pequeño
patronato que formamos para ir montando el Museo del Escritor, continúa
trabajando y ya han comenzado a llegar objetos de diversos escritores.
Por ejemplo, el poeta Otto-Raúl González, recién
fallecido, donó la vieja máquina de escribir con la que
redactó la mayor parte de sus espléndidos sonetos y además
el original de un poema dedicado a esta leal máquina y Martha Domínguez,
quien dirigiera el Centro Mexicano de Escritores hasta su liquidación,
le obsequió al Museo la mesa donde trabajaron por cinco décadas
escritores de la talla de Juan Rulfo, Juan José Arreola, Francisco
Monterde, Alí Chumacero, Salvador Elizondo, Juan García
Ponce, Beatriz Espejo, María Luisa Mendoza, Carlos Montemayor y
una multitud de grandes narradores y poetas que pasaron por el sitio y,
además, un valioso lote de libros, la mayoría primeras ediciones,
dedicados por sus autores. Por su parte el poeta Dionicio Morales entregó
cartas de Carlos Pellicer y originales de Efraín Huerta y Sergio
Magaña para ser expuestos en sus vitrinas. (En archivo adjunto
anexamos fotografías sobre el estado actual del Museo del Escritor.)
El Patronato de la Fundación René Avilés Fabila
es el mismo que apoya al Museo del Escritor:
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Griselda Álvarez
Jacqueline Andere
José Luis Cuevas
Alí Chumacero
Beatriz Espejo
Héctor García
Cecilia Gómez Haro
Claudia Gómez Haro
Agustín Gutiérrez Canet
Luis Herrera de la Fuente
María Luisa Mendoza
Federico Ortiz Quesada
Carlos Ramírez
Bernardo Ruiz
Jorge Ruiz Dueñas
Guillermo Samperio
Sebastián
Raymundo Ramos
Armando Prida Huerta |
Trascendencia del Museo
Un museo de este tipo, hasta donde sabemos único en el mundo,
tendría una trascendencia fundamental, ya que por la nobleza de
su temática se puede hacer una gran convocatoria no sólo
nacional sino internacional, todo depende de la cantidad de recursos con
que se cuente, con el fin de invitar a los escritores para que aporten
elementos y de esta manera darle contenido al Museo.
Por otro lado, aquí no se está circunscribiendo a un solo
escritor, sino que hablamos de recuperar para la memoria histórica
una cantidad de libros que ya serán precisamente obras de museo.
La vertiginosidad de la internet nos obliga a preservar y luchar para
que los libros sigan siendo el mejor contacto para aprender a leer y disfrutar
de su lectura por mucho rato más.
Con qué cuenta el Museo y qué requiere
para iniciar operaciones
Hasta la fecha, el Museo cuenta con un acervo de libros de cerca de 10,000
ejemplares de literatura mexicana, de los cuales un 10% está autografiado
y otros 20,000 de literatura universal. Además, tiene 250 caricaturas,
dibujos y fotografías, unos 50 objetos personales, 50 discos de
voz viva de México, entre otras cosas.
Creemos conveniente establecer el Museo del escritor en el Centro Histórico.
Para ello se requiere conseguir una casa grande, y alguna forma de patrocinio
económico que pueda dotarla de las instalaciones adecuadas y mantener
el personal que se requiere para cumplir con sus actividades. Un apoyo
para adquirir vitrinas, equipamiento de computadoras, lo necesario para
instalar la biblioteca, mesas de trabajo y recursos para adquirir libros,
archivos, objetos y en general material perteneciente a grandes escritores
mexicanos y extranjeros que hayan radicado o pasado por México,
con el objeto de mostrar un aspecto poco conocido y que sería de
gran importancia para el desarrollo cultural de la nación.
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