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El misterio de las pinturas rupestres

René Avilés Fabila

 

El arqueólogo profesor Meter Faigenbaum descubrió en el Valle del Jordán ruinas del siglo I de la Era Común. Las excavaciones que su grupo realizó dejaron al descubierto un templo de forma etrusca en notable grado de conservación: pisos de mármol, puertas de bronce, una magnífica bóveda sostenida por columnas corintias, dóricas y jónicas, capiteles romanos, un atrio de mosaicos multicolores de estilo griego, murales en buen estado donde aparecían escenas del Antiguo Testamento (Sansón matando a los filisteos, Moisés en el Sinaí, Judith con la cabeza de Holofernes…) y, entre las doradas arenas del valle desértico, monedas de oro y plata, vasijas y ánforas de barro con restos de pintura policromada.El arqueólogo profesor Peter Faigenbaum descubrió en el Valle del Jordán ruinas del siglo I de la Era Común. Las excavaciones que su grupo realizó dejaron al descubierto un templo de forma etrusca en notable grado de conservación: pisos de mármol, puertas de bronce, una magnífica bóveda sostenida por columnas corintias, dóricas y jónicas, capiteles romanos, un atrio de mosaicos multicolores de estilo griego, murales en buen estado donde aparecían escenas del Antiguo Testamento (Sansón matando a los filisteos, Moisés en el Sinaí, Judith con la cabeza de Holofernes…) y, entre las doradas arenas del valle desértico, monedas de oro y plata, vasijas y ánforas de barro con restos de pintura policromada.

 

(Fragmento)

Ilustraciones de Alfredo Cardona Chacón

Fundación René Avilés Fabila

México, 2004


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La nube viajera

René Avilés Fabila

 

La pequeña y graciosa nube vio que formaba parte de otra nube, al menos estaba muy junto a ella y a otras más, supuso, eran su familia, pues tenían un color semejante y las caracterizaba el buen humor. Era un cirrocúmulus que estaba a unos diez mil metros de altura y que los niños creen que se trata de un ejército de entusiastas y nada combativos borreguitos, y que algunos, más imaginativos, juegan a descubrir formas de otros animales o rostros de personas amadas o detestadas. La pequeña y graciosa nube vio que formaba parte de otra nube, al menos estaba muy junto a ella y a otras más, supuso, eran su familia, pues tenían un color semejante y las caracterizaba el buen humor. Era un cirrocúmulus que estaba a unos diez mil metros de altura y que los niños creen que se trata de un ejército de entusiastas y nada combativos borreguitos, y que algunos, más imaginativos, juegan a descubrir formas de otros animales o rostros de personas amadas o detestadas.

 

 

 

 

(Fragmento)

Ilustraciones de María Emilia Benavides

Fundación René Avilés Fabila

México, 2002

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